lunes, 15 de julio de 2019

Spider-Man: Lejos de Casa | Reseña

julio 15, 2019 0



Por Carolina García. 


Luego de una larga serie de cintas cinematográficas para completar el universo Marvel y dar por terminada la primera generación de Avengers con Endgame, llega Spider-Man: Far From Home con uno de los mejores villanos (personalmente antes vistos), Mysterio, encarnado por Jake Gyllenhaal.

El film protagonizado por Tom Holland aterriza en un capítulo más en la vida de Peter Parker después de la muerte de Tony Stark. La atmósfera después del descenso oprime en escenas evocativas hacia quien fue su mentor y quien, sobre todo, dejó la responsabilidad de ser el siguiente dirigente de los Vengadores… ¿Spider-Man el nuevo Iron Man?

La trama se posa en espacios europeos pues Peter se va de vacaciones con su grupo escolar… Lo que Nick Fury (Samuel L. Jackson) trata de impedir, pues tiene otros planes para el arácnido. 


Dirigida por Jon Watts y producida por Columbia Pictures, la continuación de Spider-Man: Homecoming se desarrolla con la composición musical de bandas como Led Zepellin Whitney Houston y Ramones como prueba de la picardía característica del personaje sustraído de los cómics. 

Pasando por un joven estratosféricamente inteligente (Donnie Darko, 2001), un hombre homosexual (Brokeback Mountain, 2005) y un vendedor de fármacos (Love and other drugs, 2010), Gyllenhaal entrega una alucinante interpretación con tintes maniáticos, afanado con el poder y la conquista de una nación, muy apegado a los pecados humanos.

El argumento del personaje acreedor a un BAFTA en 2005 por Brockeback Mountain (Mejor actor de reparto) es diferente a lo anteriormente visto en Endgame, por ejemplo, pues el villano no se inmiscuye en la raza humana como un alienígena para hacer explotar a la tierra por creernos inferior a su ascendencia, una premisa gastada en las sagas populares de superhéroes hecha a un lado en el rodaje de 129 minutos. 


Holland, por su parte, hace un papel igualmente humano que al del villano, sin pretensiones del ser bondadoso y perfecto, con ganas de ser un héroe, pero vivir su juventud como cualquier otro… Irónico. 

Y qué decir de los efectos visuales que acompañan a Mysterio en toda la ilusión que arregla, la combinación del verde y morado indudablemente recordaría a otro desquiciado (y de otra compañía), pero que cada uno permanece en su atmósfera incomparable de objetivo y hasta de caracterización. 

Spider-Man Far From Home es una cinta para el goce palomero de cualquier espectador, se compone de un humor cálido y no excluye a aquellos que no van al corriente con las 22 películas de la creación e influencia Avengers.

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Dolor y Gloria | Reseña

julio 15, 2019 0



Por Indira García. 



El cine de Almodóvar es muy peculiar y nunca deja a nadie indiferente, ya sea por la ironía de sus historias o la forma en la que las cuenta. Dolor y Gloria es la última de sus películas y la más personal hasta el momento, protagonizada por uno de sus mejores descubrimientos: Antonio Banderas.

La historia va del presente al pasado de la mano de Salvador Mallo, el alter ego de Almodóvar interpretado por Banderas, un cineasta que no ejerce por problemas de salud y quien encuentra salida en el consumo de heroína. A través de los flashbacks que tiene Salvador cada que fuma conocemos un poco más sobre su infancia, la austeridad que le rodeaba y su primer deseo. Poco a poco esos eventos se entrelazan para mostrarnos una imagen completa de lo que le llevó a convertirse en la persona que es en el presente. 


La mayor parte de la cinta transcurre en la casa de Salvador, que está inspirada en la casa real de Almodóvar incluyendo objetos personales y cuadros de su colección. En ese mini museo personal se reencuentra con fantasmas de su pasado con historias inconclusas y nos da un avistamiento cercano de su vida. Su madre juega un papel muy importante, aunque ya antes había hablado de ella en otras de sus películas, aquí tiene más relevancia y es protagonizada por Penélope Cruz

La carga emocional que representa su ausencia para él está muy clara, desde el conflicto de ser auténtico y no agradarle a ella hasta limitarse en sus creaciones al retratarla porque su madre no quería ser parte de sus obras. Además de su madre, conocemos a su primer deseo y al gran amor de su vida, ambos reencontrados de cierta forma por las coincidencias del destino, mismas que le dan sentido a la historia. 


Con tantos años de experiencia y sus producciones continuas es fácil reconocer que él es el autor, las paletas de colores tan cuidadas y las tomas que enfatizan las emociones de los protagonistas son el sello que siempre le da. Ver a Banderas con canas y arrugas es totalmente lo contrario a lo que hollywood nos vende, al madrileño también le pasan factura los años y ha tenido cirugías tal como su personaje; aquí es un Banderas más humano, más real que en sus papeles anteriores y muestra su interior tal como lo hace el director.

El trasfondo emocional que conlleva esta cinta, los guiños a sus películas anteriores y a su propia vida personal convierten a Dolor y Gloria en una pieza clave para estudiar (y tratar de entender) al autor así como también para analizar sus películas anteriores y re-descrubrirlas.


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domingo, 14 de julio de 2019

Leto | Crítica

julio 14, 2019 0




Por Eduardo León.
¿No les ha ocurrido que existen días en los que la rutina y la vida en general nos apalean? A veces el trabajo agota bastante y la histeria dentro del transporte de regreso a casa aún más. Tal vez por eso recurrimos desesperadamente al dispositivo móvil, nos colocamos los audífonos y reproducimos alguna canción, con tal de silenciar el rugido de la gran ciudad. 


Entrar en la ensoñación, en el recuerdo. Olvidar por al menos tres minutos y perdernos en el ritmo, en el bajo, en las eternas voces. Yo siempre he creído que el arte puede ser una vía para expresar toda esa agonía y descontento conseguidos mientras nos volvemos adultos. ¿Entonces qué hacer al respecto?

Jim Jarmusch decía que hay que robar de las pequeñas cosas que inspiren y estimulen la imaginación; hacer algo con ello. Como escribir un cuento melancólico, fotografiar la variada cotidianidad, armar una rolita subversiva y descomponer la escena musical. ¿Tú qué harías? ¿De qué forma te expresarías?




En Leto (filme de Kirill Serebrennikov) un puñado de jóvenes se funde con el verano mientras componen canciones, bailan, fuman tabaco, se encueran, beben vino blanco y se alimentan con jugosa sandía. Es la década de 1980 en Leningrado. Se perciben los aires de la Guerra Fría y el arribo de la Perestroika en la Unión Soviética. 

En Leto, la juventud busca liberarse, expresarse; se refugia en el rock y en los “héroes líricos” como T-Rex, Velvet Underground, David Bowie o The Doors. Los personajes de Viktor (Teo Yoo), Natalia (Irina Starshenbaum) y Mayk (Roman Bilyk), se amotinan en un triángulo amoroso ahogado por la vehemente necesidad de canalizar el sentimiento a través de la música.

El romance y conflicto entre la triada de protagonistas, así como los sueños de cada cual, se convierten en una biografía sobre los inicios de la facción musical de rock ruso, Kinó. Una banda que, así como los “héroes líricos” mencionados anteriormente, alcanzó la inmortalidad por ser una de las agrupaciones más importantes por esparcir el rock sobre la sociedad soviética, durante toda una década.



“Vive como desees”, es el mensaje que acarrea la película nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. ¿De qué manera comparte esa consigna el director Kirill? Lo logra mediante la ruptura esquemática-realista de la historia en secuencias donde la imaginación abraza la pantalla cinematográfica, mientras todos los actores y extras se vuelven el ensamble de una coreografía al ritmo de Psycho Killer de Talking Heads o The Passenger de Iggy Pop.

Envueltos en una fantasía veraniega, y escudriñados por una fotografía bélica en blanco y negro (que en momentos cambia a una colorida imagen vintage), los jóvenes dentro de la cinta se perciben como el ceño de la desobediencia en tiempos donde la ideología permanecía dividida, y las agrupaciones y géneros musicales alentaban otro tipo de actitud e identidad en las almas más adolescentes.





¿Pero cómo entender aquella joven rebelión de los ochentas? La película se esmera en contagiarnos de harta felicidad, rebeldía y libertad, a través de una experiencia fílmica en donde la banda sonora, la cinematografía, la dirección actoral y los diálogos, se conjugan para crear un albedrío que sin querer, nos vuelve partícipes en un verano de amor y rock. 


Y sí, puede que la cinta retrate una percepción de la música y juventud bastante ensoñadora, pero bueno, de vez en cuando no está mal disfrutar de lo que probablemente fue una cálida fantasía. Ahora lo único que les puedo decir es que no dejo de escuchar Summer will soon be Over de la banda Kinó y me queda claro (al menos por lo que expone la película y el éxtasis de la canción), que el contagio de inspiración llega desde cualquier lado, nos hace olvidar y ser libres mientras los instrumentos y voces continúen sonando. 

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martes, 2 de julio de 2019

Gloria Bell | Reseña

julio 02, 2019 0



Por Carolina García.


Gloria 
You’re always on the run now 
Running after somebody
You gotta get him somehow

I think you’ve got to slow down 
Before you start to blow it 


¿Y para el amor cuándo es demasiado pronto? ¿Qué es lo mesurado? ¿Y cuándo se es demasiado viejo? Sebastián Lelio dirige nuevamente desde una visión femenina para contar un fragmento de lo que compone el éter de Gloria Bell interpretada por Julianne Moore


La nocturnidad fotografiada en neones de color púrpura y azulado acoge a seres en búsqueda del deseo (no precisamente sexual) bajo un bar para adultos con música tipo September de Earth, Wind and Fire y Never can say goodbye de Gloria Gaynor. Pero el pasaje fílmico, luego de empezar con la entrada de aquel lugar, hace un recorrido a la pacífica vida de Gloria Bell hasta el primer punto de amarre en una noche de tragos y baile, el encuentro con Arnold (John Turturro) con quien conecta para el agregado de un capítulo y aprendizaje más en su vida.


Surgida de Martinis y largas miradas, la nueva pareja tiene que lidiar con los estragos de relaciones pasadas, específicamente la de sus ex parejas, denotando el complicado proceso de entendimiento y adaptación con hijos mayores, reuniones familiares y llamadas incómodas. 

La figura de Arnold siempre luce entre atormentada y misteriosa, hasta que en los puntos de amarre del guion se revelan las causas de su sombrío personaje: una caótica relación familiar. John Turturro alcanza a proyectar ese misterio en su actuación, pero la conexión que establece con Gloria se desarrolla con una falta de pasión evocativa al espectador. Mientras que Moore transmite un frenesí durante todo el rodaje. 

El esbozo de 102 minutos se desdobla en cuatro facetas de Gloria, suponiendo capítulos de su vida en emociones y sentimientos: soledad, deseo/amor, tristeza y evolución después de la fractura, siempre marcados por una canción, infiriendo, de la juventud del personaje protagónico, componiendo un soundtrack festivo, que al mismo tiempo torna melancólico.

 

Producida por A24, Gloria Bell hace un relato de la soledad y el apresuro humano por estar acompañado, por buscar de alguien más que de sí mismo… Se vuelve una reflexión sobre el gozo de permanecer solo y del placer provocado por estar con alguien más. 

La cinta del chileno galardonado por los Oscar (Mejor película extranjera – Una mujer fantástica) hace un bosquejo de una mujer de edad madura para hablarle al espectador de la inexistencia de la edad para el deseo, para el placer y para el amor.

Lelio ya había realizado este filme en 2013 bajo el título de Gloria, interpretada por Paulina Garcia, donde el Festival Internacional de Berlín, le concedía el premio a Mejor Actriz ese mismo año, además de recibir varios premios internacionales dicho largometraje. A continuación puedes ver nuestra video-reseña. 

Gloria 




lunes, 1 de julio de 2019

Chicuarotes | Crítica

julio 01, 2019 0



Por Eduardo León.

Durante 1940 y 1970, México fue consolidándose como una poderosa urbe; el primer país de América Latina en lograr un crecimiento económico que le permitió modernizar la vida cotidiana en el entonces Distrito Federal. Comenzó la construcción de Ciudad Universitaria, el Multifamiliar Miguel Alemán, el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, Ciudad Satélite, así como las arterías citadinas con la creación de la Línea 1 del Sistema de Transporte Colectivo Metro.

A todo este periodo se le conoce como “El milagro mexicano”. Tres décadas en las que la población se concentró en el epicentro de la ciudad; hubo empleos, viviendas, educación, entretenimiento, arte, cultura. Significó un paso hacia la “modernidad primermundista”, que intentaba mitigar las muchas exigencias y movilizaciones sociales de todas aquellas personas que habitaban la periferia y los límites del Estado de México. Los Olvidados, fue como les nombró Luis Buñuel.

Pero entonces, ¿qué ocurre en los espacios alejados de los “prestigiosos” lugares como la Colonia Roma, Polanco o Santa Fe? Suceden mayores feminicidios, riñas entre narcomenudistas, asaltos “sutiles” en el transporte público, drogadicción, secuestros y más muerte. Más balas. Más miedo. Más violencia. Los más jóvenes terminan siendo las víctimas, que son empujadas al camino equívoco en donde el único objetivo es poseer dinero y huir del sanguinolento barrio.


Y como prueba de ello, los invito a conocer la historia de Cagalera y Moloteco; dos chavos, dos compitas, dos “chicuarotes” que buscan neuróticamente alejarse de la vida criminal en los pavimentos del pueblo de San Gregorio Atlapulco en la delegación Xochimilco. Las decisiones de ambos sólo son una leve muestra sobre la oscura vida delictiva que ocurre con normalidad en los barrios, pueblos y municipios más descuidados del México actual.

Fue Gael García Bernal quien decidió filmar esta película, en la que explora el rol de la juventud dentro de un contexto en el que pareciera no haber escapatoria. En donde la misma sociedad orilla a realizar actos impensables. Pues es el joven quien luce vulnerable, se halla en el limbo, busca pertenecer; tiene energía, sueños y sin embargo el entorno los fractura y ahoga en un canal frío y mugriento. 

En Chicuarotes ocurre eso. Se recurre al guión escrito por Augusto Mendoza, que emblandece con comedia un entorno de hostilidad visto en la violencia familiar o en las relaciones interpersonales de cada personaje, para hacer un largometraje dinámico, reflexivo que en ocasiones arrebata carcajadas. ¿Risas dentro de una proyección inaugurada con el asalto de dos sujetos a un camión con pasajeros? Lamentablemente sí.


Son en las secuencias y diálogos “chuscos” en donde se permitieron extraviar el apego a la realidad y la postura contestataria hacia un problema que nos ha alcanzado a cada uno de nosotros en cualquier momento de nuestras vidas. A estos instantes de comedia, sumémosle algunas acciones inverosímiles dentro de la película y la intervención efímera de personajes que únicamente intentan crear un vínculo con la audiencia por medio de la risa y permitir que la cinta avance hacia su fin (sin darle un motivo coherente a algunos de los actos más dramáticos o violentos).

A pesar de la ligereza con la que se presenta la trama, la cinematografía de Juan Pablo Ramírez y las vigorosas actuaciones de Benny Emmanuel, Leidi Gutiérrez y Gabriel Carbajal envuelven de un atractivo visual y empático a la película; nos acercan a las calles de San Gregorio y las emociones de los personajes oscilan entre la felicidad, el coraje, el miedo y la añoranza.

“De vez en cuando no hay pedo, porque nomás con la rutina…”, menciona Cagalera (Benny Emmanuel), luego de ejecutar un asalto con pistola en mano. ¿Víctimas, culpables, olvidados, delincuentes, incomprendidos? ¿Cómo juzgarlos? ¿Hacer justicia con nuestra fuerza física y exhibirlos en un video en Facebook? ¿O depositar la confianza en la gran y dudosa autoridad? Quién sabe. Ya será cuestión de cada asistente reflexionar desde varias perspectivas, la problemática que plantea la película.

Sólo me queda añadir que estas problemáticas contemporáneas deben continuar siendo narradas y proyectadas en el cine, para permitirnos mirar hacia otras realidades, lejos del cómodo cerco en el que todo pareciera ocurrir idealmente. Y Chicuarotes es la invitación a ello. 

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Annabelle 3: Viene a Casa

julio 01, 2019 0



Por Indira García. 


James Wan (Insidious, El conjuro, Annabelle) creó un multiverso de terror basado en los Warren, los demonólogos más famosos de la historia. La tercera entrega de Annabelle prometía mostrar más a fondo los artilugios guardados en el sótano y sus respectivas maldiciones. Pero, desafortunadamente el resultado final no fue el esperado.

En las películas anteriores de Annabelle y El Conjuro habían dejado en claro lo peligroso que era desatar las maldiciones de cada objeto dejado bajo llave, en especial la muñeca, por lo tanto, la premisa de la cinta sonaba tan prometedora: tres chicas a solas en la casa Warren con un gran número de demonios encerrados y enojados daba lugar a, por lo menos, más de un buen susto. 


A pesar de eso y el gran potencial que tenía, el desarrollo fue decepcionante y principalmente gracias a las expectativas que había generado el universo creado por Wan. Anteriormente sus películas eran garantía de llevarse un par de jumpscare, buena fotografía y un desarrollo, que aunque a veces lento, al final siempre valía la pena; pese a que la historia no fuera tan buena, dejaban la sensación de que algo malo iba a pasar después.

Todo ese encanto anterior se rompió en esta secuela, el miedo previamente generado hacia los espíritus termina siendo mal fundamentado por las situaciones tan ridículas en las que se ven derrotados los mismos. Demonios que anteriormente habían aterrado con tan solo aparecer, aquí solamente son usados como señuelos y chistes malos, sin darles seguimiento ni profundidad a sus historias. Incluso los momentos de más tensión y que pudieron causar pesadillas son rotos por apariciones de personajes secundarios con gags típicos de sitcoms.


La monja y La leyenda de la llorona tampoco habían dejado satisfechos al público con los momentos de terror entrecortados por los chistes y las malas tramas, pero no habían tenido un trasfondo tan explorado dentro de este mismo universo como el personaje de Annabelle, ni habían dejado abiertas las puertas a tantas posibilidades como aquí previamente establecieron en las dos anteriores. 

La capacidad de destrucción que prometía se quedó solamente en eso, en expectativas de ver terror desatado en su máximo potencial y que únicamente se presentan en un par de secuencias muy bien realizadas, pero que fueron malamente usadas en el trailer y no dieron espacio a los sustos reales en la cinta.



Por otro lado, la actuación de la hija de los Warren (Mckenna Grace) acaparó la pantalla la mayor parte del tiempo. Genuinamente mostraba el miedo que le daba estar rodeada de objetos poseídos, eso y, aunado a la historia de aislamiento social que tenía por sus padres, le hicieron ser un personaje completo e indispensable para el desarrollo de la historia. 


Desafortunadamente Ed y Lorraine aparecen sólo en pocos momentos, sin embargo, la película sí fue dedicada a Lorraine Warren quien recientemente falleció; pues sin su legado nada de esto existiría.


La película no cumplirá las expectativas de los fanáticos, pero tampoco cae en lo aburrido. Es divertida (probablemente sin querer) y no es extremadamente larga como lo han sido otras de su género, una opción viable para momentos aburridos y palomeros.

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viernes, 28 de junio de 2019

Hotel Mumbai: El atentado│Reseña

junio 28, 2019 0




Por Oswaldo Magaña.

Pocas son las películas que te mantienen al borde del asiento.  Hotel Mumbai: El Atentado lo hace, de principio a fin. Es un drama que cuenta los eventos que se desarrollaron durante los atentados coordinados en 2008 en la ciudad de Bombay, India. Y muestra cómo un grupo de terroristas islámicos toman entre otros lugares al Hotel Taj Mahal al sur de Mumbai (como se conoce localmente).

Ahí se desata el terror entre los huéspedes y trabajadores del hotel quienes son asesinados a sangre fría por este grupo de terroristas. La historia es contada con un tono crudo y sin inhibiciones. Es innegable que el trabajo de Anthony Maras (The Palace, 2011) en este su primer largometraje presenta muchas cualidades.


Cuenta con actuaciones muy bien desarrolladas que resultan verosímiles y sin duda alguna llevan la película por el camino correcto. Dev Patel (The Wedding Guest, 2018) presenta una de sus mejores actuaciones. Aunque a primera vista pareciera un drama más sobre atentados o eventos reales que maneja clichés y situaciones de heroísmo absurdo, Maras lleva al espectador verdaderamente al centro mismo del terror psicológico, con dosis de suspenso y crudeza.

La fotografía es nítida, contrastante por momentos, lo mismo maneja los ocres que los grises, verdes, dorados y aprovecha las locaciones con encuadres que te ponen en el lugar de los personajes. Los movimientos de cámara son notables. El ritmo del film es constante pero no escatima en hacer esperar al espectador.

El sonido sin duda es imprescindible, ya que en estos días están de moda los “balazos fuertes” (John Wick) para generar un impacto mayor en un público al que ya no le impresiona nada, en esta película considero que es un acierto ya que para recrear lo que vivieron los rehenes de estos lamentables hechos el sonido es la clave.


Una parte del film puede mirarse como una crítica que subyace por debajo del argumento y que revela ese esclavismo moderno en que caen los grandes hoteles y emporios en aquel país. En donde los empleados deben y tienen que consentir a los clientes y cumplir sus caprichos por absurdos que estos sean. Seguramente Maras no tenía esa intención.

Esta mirada del director sobre un hecho que en si mismo fue tan violento deja al menos entrever la manipulación de los más jóvenes a manos de grupos religiosos extremistas para quienes sus vidas no significan nada. El fanatismo, la pobreza y la ignorancia siempre son la mezcla perfecta para calamidades de este tipo.

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