viernes, 13 de septiembre de 2019

Amanda | 23 Tour de Cine Francés

septiembre 13, 2019 0

Por Rocío López.

Después de presentarse en la sección Horizontes del Festival de Cine de Venecia de 2018 y este año en Santiago Festival Internacional de Cine (SANFIC), donde recibió el premio a Mejor Película en la Competencia Internacional, Amanda, dirigida por Mikhaël Hers, llega a la cartelera mexicana como parte de la edición 23 del Tour de Cine Francés

El filme se centra en David (Vincent Lacoste), un parisino de 24 años que se gana la vida como jardinero y ateniendo a turistas. Un día conoce a Lena (Stacy Martin), una joven pianista con la que inicia un romance, sin embargo, la tranquilidad de su vida se interrumpe cuando la ciudad sufre un ataque terrorista y Sandrine (Ophélia Kolb), su hermana mayor es una de las tantas victimas fatales. David no sólo tratará de sobreponerse a la pérdida, sino también deberá hacerse caso de Amanda (Isaure Multrier), su sobrina de 7 años. 

Amanda nos regala una fotografía impecable y desde la primera secuencia nos muestra, con planos generales, las calles, plazas y monumentos de Paris para contextualizarnos sobre la despreocupada vida que lleva el protagonista, pero también para contrastar la atmosfera después de la tragedia. 


El guion escrito por el propio Hers, en colaboración con Maud Ameline, acierta en presentarnos un drama familiar que no cae en lo melodramático, al contrario, opta por una cinta con varios momentos de silencio y sólo deja que a través de las miradas nos trasmitan la tristeza, desesperación y la intranquilidad por la que la pasan los personajes.

Lo más destacable son las actuaciones: Lacoste, reconocido por su participación en Lolo, el Hijo de mi Novia (Lolo, 2015) y Primer Año (Première Anné, 2018), con una consistente interpretación. Por otro lado, el debut de Multrier, quien actúa con naturalidad y madurez, está a la altura de su coprotagonista, con el que logra realizar una gran mancuerda.

El tercer largometraje de Hers es una obra delicada y sensible, narrada de una manera sencilla sin tener que recurrir a escenas trágicas que desborden drama para conmover. Amanda invita al público a reflexionar sobre la empatía y solidaridad por el prójimo.

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Dora y la Ciudad Perdida | Reseña

septiembre 13, 2019 0

Por Aleyda Gzz.


En la camioneta del transporte escolar teníamos el lujo (por suerte) de que hubiera una televisión pequeña que nos entretuviera durante el camino hacia la escuela. En su mayoría eran niños de kínder por lo que, veíamos programas infantiles. A pesar de que yo ya estaba en 6° de primaria recuerdo cantar a todo pulmón el Tututrututu Dora, Tututrututu Dora, zorro no te lo lleves, zorro no te lo lleves. Ohh rayos! Dora la Exploradora!

A sus 19 años de estreno en televisión, Paramount Pictures/Nickelodeón nos traen el primer Live-action de la caricatura de Dora, la exploradora que, para el que nunca la ha visto es sobre las hazañas de una niña latina, con una personalidad aventurera, carismática y con una facilidad nata para enseñar idiomas y hacer amigos.

Dora y la Ciudad Perdida es la nueva película del director James Bobin. Basada en la caricatura de animación del productor y escritor Chris Gifford. James Bobin es conocido por Los Muppets (2011), Muppets 2: Los más buscados (2014), y la serie cómica de televisión Flight of the Conchords (2017) en conjunto con el guionista y también director Matthew Robinson, quién nos presentó la alocada película sobre un monstruo capaz de ser parte de la maquinaria de una camioneta; Monster Trucks (2016) entre otras. 

El filme nos cuenta la historia de Dora en su versión adolescente, que migra a estados unidos para estudiar la preparatoria junto a su primo Diego. Sin embargo, ella, Diego y sus amigos se aventuran a la misión de rescatar a sus padres de Dora y a descubrir los misterios de la Isla perdida y dorada en Perú.


Cuando te enteras de que Dora la exploradora y su amigo botas, es llevada a la pantalla grande, quizás generes pocas expectativas hacia la película. Porque al fin de cuentas, es una caricatura infantil. Y seguro te preguntarás, ¿qué habrá de nuevo que no hayamos visto antes? 

En efecto nos encontramos con una trama sencilla. Sin embargo, podemos apreciar una evolución en el personaje de Dora, una versión adolescente y madura, a pesar de haber estado aislada de la sociedad, el llegar como migrante a otro país, logra adaptarse a las situaciones por el simple hecho de ser ella misma.

Para que se lograra la autenticidad que se requería interpretar en el papel de Dora, la audición fue muy selectiva. Pues no sólo era encontrar una chica de piel morena, que supiera cantar y bailar. Sino que fuera carismática, sencilla, que lograra transmitir el respeto, amor por la cultura, preservación de la historia y el ambiente. Isabel Moner, hija de padre norteamericano y madre peruana, fue la actriz indicada. Anteriormente ya había colaborado en series de Nickelodeón, como 100 Things to Do Before High School y en la cinta de Transformers: el último caballero (2017). Sin embargo la actriz es de gran talle artístico, debido a su debut en el musical de Broadway, Evita

Además se cuenta con la actuación del actor mexicano y polifacético; Eugenio Derbez, que a su mero estilo Derbeziano nos entrega una vez más su humor, con chistes ya bien conocidos y giros “inesperados”, que añade diversión a lo largo de la película. Sin embargo, considero que la participación de Michael Peña, como el padre de Dora, logra llevarse las risas, con sus comentarios repentinos y una química singular entre la esposa desesperada de Eva Longoria, como la mamá de Dora. 


Por otro, la apreciación visual recae en los paisajes de las junglas de Australia. La música es pura nostalgia, pues entona el tema principal de la caricatura, haciendo que tu niño interior quiera cantarla (si es que fuiste pequeño cuando la viste por primera vez).

Finalmente, la película además de ser una adaptación, es una crítica a la sociedad estudiantil norteamericana. Puesto que desde los primeros acontecimientos violentos de bulliyng y tiroteos en las escuelas, podemos notar que para ellos esto es normalizado, ya que en una secuencia en particular, nos demuestra que “revisar tus cosas antes de entrar es signo de seguridad” Pero con esto, ¿detenemos la violencia escolar? o el “sobrevivir en la preparatoria es lo principal” Estas premisas hacen que ir a la escuela suene horrible y nada disfrutable.

Sin embargo Dora y la Ciudad Perdida además de divertirnos con su peculiar humor, aventura, la dulce voz de Isabel Moner y su ingeniosidad, nos hace reflexionar sobre lo importante que es respetar a la naturaleza y usar tus fortalezas para lidiar con las adversidades de la vida. 

Recomendable para disfrutarla solo o acompañado de tu familia. Porque sin duda te sorprenderás y alegrarás el día.

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lunes, 9 de septiembre de 2019

Primer Año | Reseña

septiembre 09, 2019 0

Por Carolina García. 

Somos seres incompletos si no nos ayuda a perfeccionar nuestra naturaleza débil e imperfecta alguien más inteligente que nosotros, tal como debe serlo un amigo (Shelley, M.)

La atmósfera de la medicina es retratada una vez más por el director (también médico) Thomas Lilti que explora el éter de jóvenes estudiantes que apenas ingresarán al mundo de la investigación y curación del cuerpo humano. 

Casi perpetuo de tonos claros, entre blanco y azul, Premiére Année hace su entrada con la descripción visual de Benjamín (William Lebghil) como un sujeto aparentemente con la vida resuelta, con buen sustento económico, ‘influencias’ en el campo y un aire desinteresado. El dibujo de Antoine, por su parte, interpretado por Vincent Lacoste, es el opuesto al del que será su amigo, ambos estudian, —compiten—, por entrar a la escuela de medicina, sólo que Antoine lo hace por tercera ocasión en medio de estruendosos salones atiborrados de más y más jóvenes con ansía de obtener un lugar después de la pre.

La cinta devela la situación familiar que influye en el ser humano como una declaración de nuestra primera instancia de enseñanza-aprendizaje: la familia. Hasta cierto punto, se ejerce un estereotipo de padres para cada estudiante, como si no se tuviera, en ocasiones, un poco de todo. 

El contraste y la diferencia de ambos estudiantes deja entrever las personalidades que se combinan y cruzan en la existencia del ser humano, Antoine es una revelación del celo, la obsesión, la dedicación, mientras que Benjamín es la levedad del hombre, expresándose en todo su resplandor al final de la película. 


A diferencia de Hipócrates: El valor de una promesa (Hippocrates) y En un lugar de Francia (Médicine de campagne), la fotografía se mantiene fija durante los 92 minutos de rodaje, lo que denota una diferencia en la filmografía del director francés que había adquirido un naturalismo dentro de ésta, pero que no atenta en contra de su más reciente film. 

En la interpretativa de Lacoste, un personaje insatisfecho y triste, se vislumbra el tinte del estudiante voraz, a diferencia en su personaje de Hipócrates y claro, de Leibhil, quien compone la comedia, el humor dentro de la película francesa. 

Entre las escenas de más goce visual, se encuentra la más onírica —y probablemente la única— de todo el filme, el par acostado en medio de una torre monstruosa de libros, como sumidos y atrapados (?) en ellos. 

¿Quién es más cómplice que un amigo? ¿Quién es aquél aliado que nos acompaña en largos recorridos y amores perdidos? Amistad, vocación, deseo y obsesión son el hilo conductor del viaje recorrido en Primer Año, donde se entrevén sentimientos de la eterna inconformidad en uno, pero también el más noble de los sentires humanos, la amistad, porque como escribe Mary Shelley, el hombre necesita de esa compañía del otro para ser mejor.

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viernes, 6 de septiembre de 2019

It Capítulo 2 | Crítica

septiembre 06, 2019 0


Por Eduardo León

Aún recuerdo el miedo que poseía a mi cuerpo cada que lo veía en el televisor, o en mi mente al recordar las secuencias del payaso entre las sábanas; sus afilados dientes y sus ojos de entidad demoníaca omnipresente. O el ataque de este ser, a un puberto en la vulnerabilidad de la ducha (el baño nunca fue visto de la misma manera).

Me atrevería a decir que esas imágenes están presentes en un recuerdo colectivo de los infantes nacidos a finales del siglo XX. Pues fue con la mini serie de televisión dirigida por Tommy Lee Wallace en 1990, que varias personas (hasta la fecha) no logran encarar a un individuo empapado de maquillaje blanco y atuendos estrafalarios. 

Quieran o no, Tim Curry personificando a Pennywise se incrustó como un ícono en el cine de horror. La siniestra imagen y corporalidad del payaso fue la causa que desató la coulrofobia en nuestra generación. Años después, con la adultez la fobia disminuye (quizá), se vuelve algo banal.

Y no, esta opinión no gira entorno a una confrontación entre ambas adaptaciones de la novela de Stephen King para elegir la mejor, sino a pensar en la idea de lo que es sentir miedo y la inexplorada visión en la película sobre esta sensación. Por lo que me da curiosidad preguntarles: ¿a qué le temen? Yo a los arácnidos, reptiles y al tiempo. Raro, ¿no?

Más extraño aún es cuestionarnos ¿de dónde o cómo se origina ese miedo que nos hace despedir gotas de sudor, tartamudear o privarnos del sueño? El verdadero temor… cómo éste puede ser tan poderoso y hostil, para fracturar la consciencia y el equilibrio anímico-mental de un individuo… Si pensamos un poco en ello nos damos cuenta de lo complejo que resulta. Entonces ¿cómo chingaos reflejarlo en el polifacético cine?

Tal vez la producción de la cinta It capítulo dos jamás se cuestionó estos aspectos de gran relevancia, para así poder desarrollar un guion inteligente y una cinematografía perturbadora, que se aleje de todas las tramas recicladas y mediocres que se estrenan cada fin de semana.


Creo que ya muchos se la saben, pero si no, aquí va la trama de la película: evidentemente los niños de la primera parte no aniquilaron a la tétrica criatura. 27 años después, Eso vuelve a despertar y el Club de los perdedores debe terminar con aquello que trastornó su infancia.

En mi opinión, Stephen King tiene un talento muy específico para generar un ambiente incómodo e inusual en sus novelas. It, es un libro de 1138 páginas en donde se desarrolla toda una mitología del payaso Pennywise, el pueblo de Derry, los perfiles psicológicos de los niños y adultos. King crea a un ser que puede transformarse en lo que más le temes. ¿Cómo lidias con algo así suponiendo que pudiese ocurrir? ¿Por qué no aprovechar todo ese mal viaje literario? Entiendo que el cine y la literatura son lenguajes muy distintos, sin embargo, esta película decidió inclinarse por el simple objetivo de entretener al público en masa. 

El director Andy Muschietti remacha el cierre de esta historia con actuaciones simples, superficiales y pésimos efectos digitales. Por su parte, el guionista Gary Dauberman se encarga de transformar la película de “horror”, en una de comedia absurda en donde los personajes no poseen una motivación y conflictos reales para volver a su antiguo poblado. 

El gran bache es la insuficiencia narrativa en el guion. Se recurren constantemente a diálogos “chuscos” que no encajan en la situación que viven los personajes en la pantalla. Este recurso se utiliza durante las casi tres horas de proyección, lo cual llega a desesperar y a desilusionar a quienes acudimos con la intención de revivir la coulrofobia casi extinta.


No cabe duda que el horror se ha transformado, tal como lo hace el Pennywise computarizado de esta última entrega, pues se olvidaron de los efectos prácticos y le restaron tiempo en pantalla a la ejecución actoral de Bill Skarsgard. En su “justificación” la película es interminable; se divide en pequeñas historias que siguen los adeudos de Beverly (Jessica Chastain); Bill (James McAvoy); Richie (Bill Hader); Mike (Isaiah Mustafa); Ben (Jay Ryan) y Eddie (James Ransone).

Aventuras por separado que se entrelazan con su nostálgica infancia; momentos en donde la sonorización sí aporta este ambiente de memoria, recuerdo, pero el sonido en los ratos de “horror”, toma el protagonismo y es el medio con el que pretenden “espantar/sorprender” al espectador. Sí, el “susto basura” y un exceso de CGI en el clímax, le restan toda la seriedad y misterio a lo que pudo haber sido una película interesante.

It: capítulo dos es un tristísimo ejemplo de cómo cierta industria del cine sólo busca colmar sus bolsillos de dinero y hacer de una historia inquietante, una máquina de vil consumo. A final de cuentas, la película definitivamente será un éxito por atraer las miradas de una audiencia joven, al seguir la fórmula infalible de hacer cine de horror en esta contemporaneidad. 

En fin. Sólo me queda pensar en ¿qué hubiera sido de esta peli si Cary Fukunaga no hubiera abandonado el proyecto por diferencias creativas? Espero que algún día, un cineasta independiente le haga justicia a alguna obra del Sr. King, porque al menos esta versión “más fiel” de It no lo logró nadita. Dos estrellas, mal servicio.

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lunes, 2 de septiembre de 2019

Amante Fiel (L'homme fidèle) | Reseña

septiembre 02, 2019 0

Por Carolina García. 

No hay nada peor que ser infiel...

Amor a la francesa… En medio de un discurso narrativo autodiegético (para los tres personajes principales) y la ruptura de la cuarta pantalla, una Francia color albo, chamarras largas y un amor desenterrado después de ocho años, Louis Garrel dirige Amante Fiel para proyectar un entramado fílmico surrealista (?) o desapegado al acostumbrado relato con estereotipos marcados entre hombres y mujeres.

El proyecto cinematográfico plantea su primer punto de amarre situado en la ruptura de Abel (Garrel) y Marianne (Laetitia Casta) debido a su embarazo —con alguien más—. La ex pareja se reencuentra ocho años después a causa de la muerte del que se cree es el padre de Joseph (Joseph Engel) y en un intento por perpetuar su amor, los personajes encarnados por Casta y Garrel regresan como parte de un reclamo al pasado. Para esta ocasión reaparece Eve (Lily-Rose Depp), quien desestabiliza la re-unión de la pareja reconciliada. 

Aunque el trailer de la cinta distribuida por Cine Caníbal plantea una lucha femenina por el hombre, la película no la desentraña, pues se retoma como parte de un experimento arriesgado, de una ‘prueba de amor’, una favela surreal con un humor bien atinado porque no cae en el cliché ni abuso de éste. 


La interpretativa de Garrel es un acto de deguste visual —el hombre en discordia, el amante fiel (?)—, se denota una figura dócil, —inocente— en medio de una "guerra" amorosa, lo contrario a su egocéntrica actuación entregada en The dreamers (Bernardo Bertolucci, 2003), donde luce como una antítesis de lo proyectado en su nueva producción.

A primeros minutos, la ilustración auditiva se construye a partir del sonido ambiente y al cabo de un rato, la música entra como una intrusa que se vuelve un recurso un tanto innecesario. En tanto a la fotografía, ésta se acompaña de una coloración fría que remite a la tensión y desconfianza —inseguridades usuales en el ser humano—, atenuadas por el mismo guion. 

¿Amante fiel? Amante infiel, voraz, deseoso, vengativo y al fin y al cabo, amante, humano, hombre y mujer… El rodaje de 75 minutos es un retrato al amor y la fidelidad donde se aceptan las decisiones de los personajes, aunque parezcan irreales… Se explora el hastío, la curiosidad por el objeto del deseo muy alejado a la posesión humana, a la pretensión de querer al otro para sí como en el caso de Love (Gaspar Noe, 2015), que recupera ese intento fallido de una pareja “liberal”, que en realidad está arraigada el uno al otro, pero ¿cómo ha de ser el amor? Que no es otra cosa más la extraña sensación de algo amorfo, sin color, ni olor y más bien, una mezcla del placer más exquisito no antes probado… Así, L'homme fidèle es una expresión de la libertad, del libre albedrío humano y del mismo azar de la vida. 

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sábado, 31 de agosto de 2019

Agente Bajo Fuego | Reseña

agosto 31, 2019 0

Por Rocío López

La industria cinematográfica insiste en mantener vivas las franquicias con spin off o secuelas, como es el caso de Agente Bajo Fuego (Angel Has Fallen), dirigido por Ric Roman Waugh, es la tercera entrega de la saga que comenzó con Olimpo Bajo Fuego (Olympus Has Fallen, 2013) y tres años más tarde llegaría Londres Bajo Fuego (London Has Fallen, 2016). 

La cinta trae de regreso a Mike Banning (Gerard Butler), quien ahora es padre de una niña y continúa como agente del servicio secreto, donde se encarga de proteger al presidente de los Estados Unidos, Allan Trumbull (Morgan Freeman), sin embargo, tras un ataque directo hacia el mandatario, Mike pasará de ser el héroe al principal sospechoso, por lo que es inculpado injustamente por el FBI, pero decide escapar hasta probar su inocencia. 

No es necesario que el público esté familiarizado con la precuela, puesto que se explica los acontecimientos del pasado para contextualizar esta nueva entrega. 

Agente Bajo Fuego mantiene la esencia de sus antecesoras, con una alta dosis de acción que involucra persecución, disparos y explosiones a lo largo de las dos horas de duración, no obstante, por momentos es una saturación de efectos especiales que no logran convencer ni trasmitir el peligro por el que pasa el protagonista. 


El guion explora por primera vez, la vida personal del agente, en el cual conocemos a su familia, asimismo, nos muestran que no es un hombre invencible, ya que se aborda los problemas de salud que enfrenta a consecuencia de su trabajo, sin embargo, este último elemento no mantiene su relevancia y se vuelve incongruente en la historia. 

En cuanto a las actuaciones, en general son sólidas, Butler, mejor conocido por ser el rey Leónidas en 300 (2006), logra empatizar con el público, mientras que Freeman, ganador del premio Óscar por Golpes del Destino (Dollar Million Baby, 2004), aunque su personaje no logra destacar su potencial actoral, entrega una interpretación verosímil. 

Por otra parte, Nick Nolte también tiene una breve participación, pero no por eso es menos importante, ya que termina por robarse el foco de atención cuando aparece, además de que le aporta un toque de humor y reflexivo. 

El séptimo largometraje del cineasta Roman, reconocido por también ser el director de El Infiltrado (Snitch, 2013), recurre a los clichés del género, con fallas en lo argumentativo por lo repetitivo de la trama. Agente Bajo Fuego es entretenida y da un cierre digno a la franquicia, que seguramente complacerá a sus seguidores.

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domingo, 25 de agosto de 2019

Había una vez en Hollywood | Reseña

agosto 25, 2019 0

Por: Elías Michel. 

1969. Un niño de 6 años acompaña a su madre a ver una comedia de espías protagonizada por Dean Martin y un grupo de mujeres que provocaría una gran cantidad de suspiros entre sus espectadores. El público ríe a carcajadas con las situaciones a las que se enfrentan los personajes, pero toda la atención está puesta en la mujer que interpreta a Freya Carlson, la simpática asistente del agente Matt Helm. Al salir de la sala de cine, el niño - completamente enamorado de la señorita Carlson - observa el poster de The Wrecking Crew y le pregunta a su madre quién es la mujer que le robó el corazón, a la que su madre señala y le responde: Sharon Tate

The Wrecking Crew llegó a las salas estadounidenses en una época muy determinante para Hollywood. Por un lado, la industria se estaba despidiendo de los convencionalismos y cuidadosos valores morales que el Código Hays le había impuesto a la audiencia durante más de tres décadas; por otro lado, trataba de actualizar el contenido de sus producciones a un público decidido a derribar los formulismos superficiales que el acelerado cambio social de su entorno les proponía. 

Este fenómeno contracultural nacido en consecuencia del movimiento de los derechos civiles, la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, la libertad sexual y la popularización de las drogas psicodélicas, estaba impulsando una gigantesca revolución cultural que se extendía desde las calles y los espacios juveniles hasta las pantallas de cine y las estaciones de radio. Pero en medio de toda esta revuelta, se abrieron brechas que desfavorecían a aquellos grupos que nadie reconocía ni reclamaba. 

(Sharon Tate | Sesión fotográfica The Wrecking Crew) 

Sharon Tate, la obsesión platónica del pequeño Quentin Tarantino, era una participe activa del nuevo cine norteamericano que Hollywood comenzaba a exponer a finales de la década. Interpretaba a chicas dulces y sensibles, pero sin miedo a negar sus características eróticas y sexuales. Sin embargo, apenas unos meses después del estreno de The Wrecking Crew, el bello rostro que representaba la nueva cara del cine estadounidense, fue silenciada para siempre a manos de un peligroso grupo criminal; la familia Manson fue la responsable del fin de este sueño y los causantes de una paranoia masiva que sigue haciendo ecos en el imaginario de California. 

50 años después de la mayor pesadilla de la ciudad de los sueños, el niño convertido en cineasta decide utilizar la capsula del tiempo para sanar las heridas de una industria fracturada por la tragedia, con un ejercicio que lo obliga a replantearse como habría sido la historia si sus más grandes deseos se hubieran hecho realidad. En la mente de Tarantino, la fidelidad de los hechos es lo que menos importa, y es una característica que se ha convertido en su sello personal durante la última década. 

En el Hollywood de Tarantino habita Rick Dalton, una estrella de televisión que durante los años 50 era la sensación gracias a su programa Bounty Law, donde su doble de riesgo y mejor amigo Cliff Booth se encargaba de cuidar su espalda. En un abrir y cerrar de ojos, quien fuera el icono de una época se había convertido en un actor obsoleto que solo conseguiría trabajos que el consideraría denigrantes en westerns italianos y como actor invitado en programas donde interpretaría a los antagonistas de la semana. 


Mientras Rick se lamenta por la posición en la que se encuentra dentro de la industria, Cliff Booth, ahora convertido en chofer y asistente personal de Rick por la mala reputación que le costó su lugar en Hollywood, encuentra la felicidad en los pequeños detalles como los paseos incesantes por las calles de Los Ángeles, los jugueteos con su perra Brandy y por supuesto, la compañía de su mejor amigo Rick Dalton. 

Después de un paseo, Rick encuentra una motivación al descubrir que ha estado viviendo al lado de su director favorito Roman Polanski y su esposa Sharon Tate, y comienza a fantasear con la idea de conocerlos para elevar su estatus y si existe la posibilidad, trabajar algún día para Polanski. 

Tarantino utiliza la figura de Sharon Tate como un contraste de lo que representa Rick Dalton para la industria. El actor olvidado que batalla para recordar sus limitados diálogos jamás alcanzará el estatus de la actriz más prometedora del momento. La sutileza que le impregna Margot Robbie a Sharon Tate es una de las interpretaciones más cautivadoras e hipnotizantes de la carrera de Tarantino. 


Tuvimos que esperar casi tres décadas para ver la primera colaboración de Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, dos de las más grandes superestrellas que ha visto Hollywood. DiCaprio desaparece por completo en el papel de Rick Dalton, y en una escena que involucra la grabación de una secuencia con una inolvidable niña nos confirma por qué es considerado el mejor actor de su generación. Brad Pitt tuvo la fortuna de recibir uno de los mejores personajes que ha escrito Tarantino en su carrera y le saca todo el provecho entregándonos un antihéroe entrañable que se lleva los mejores momentos de la película. Mención aparte a Julia Butters, que se roba la pantalla como la pequeña actriz de método que protagoniza el show donde actúa Rick Dalton, y a Margaret Qualley, que le da vida a Pussycat, una hippie extrovertida que se cruza en el camino de Cliff Booth. 

Tarantino se aleja de sus temas convencionales para contar un relato personal sobre el mundo que mejor conoce. Acá no hay historias de venganza, ni protagonistas involucrados en la vida criminal. Solo tenemos un puñado de actores haciendo lo que mejor saben hacer: convencer al mundo de que están viviendo una vida ajena a la suya. 

Había una Vez… en Hollywood es un homenaje a una era que enamoró a un pequeño niño que se convertiría en una leyenda del cine. Un homenaje a una industria que hoy parecería inalcanzable. Un homenaje a los héroes de la televisión que admirábamos cuando éramos niños. Un homenaje al primer amor platónico que tuvimos en el cine. Y sobre todo, un homenaje a quienes no tuvieron una segunda oportunidad.

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