lunes, 5 de septiembre de 2016

JASON BOURNE | Crítica - Review



Por: Elías Michel

Nueve años. Ese es el tiempo que tuvimos que esperar para ver una nueva aventura del agente amnésico interpretado por Matt Damon. Este año el cine nos regresó a uno de los personajes más emblemáticos de la década pasada, pero a pesar de la emoción de volver a ver en la pantalla grande al gran Jason Bourne, el resultado final nos deja la sensación de que lo mejor hubiera sido dejar morir a la saga desde la secuencia final de Bourne el Ultimátum (2007).

Al igual que en la realidad, la ficción se sitúa nueve años después de los sucesos ocurridos en la ya mencionada Ultimátum. Esta nueva aventura comienza cuando la vieja aliada de Bourne, Nicky Parsons (interpretada por Julia Stiles) decide infiltrarse en el sistema de la CIA para obtener archivos confidenciales con el fin de dar a conocer al mundo todos los secretos de la organización. Al descubrir información sobre el reclutamiento de Bourne, decide ir en su busca para informarle sobre su pasado. El plan de Parsons se ve estropeado cuando la agente promesa de la CIA Heather Lee (la recién oscarizada Alicia Vikander) se da cuenta de la identidad de Parsons y su conexión con Bourne, alertando al director de la CIA Robert Dewey (Tommy Lee Jones) quien al ver la gravedad de la situación decide rastrear a Parsons con el fin de exterminar a Jason Bourne.


Esta película está diseñada para que los que no hayan visto la trilogía anterior puedan entenderla sin necesidad de conocer la historia de Jason Bourne, pues incluso la película comienza con un montaje que resume brevemente la trilogía. Se trata del inicio de una nueva etapa para el agente interpretado por Matt Damon, en el que ya ha recuperado la memoria pero aun así está necesitado de información sobre su pasado.

El equipo original detrás de la aclamada trilogía está de regreso, a excepción de Tony Gilroy quien escribiera los guiones de todas las películas de Bourne incluyendo el spin-off dirigido por el mismo The Bourne Legacy (2012). Definitivamente la ausencia de Gilroy es el problema más notorio en esta irregular secuela, y es que al perder al hombre que mejor entendía al personaje, el guion término en manos del director Paul Greengrass y el editor de la película Christopher Rouse, quien antes de esta película no había tenido experiencia como guionista. 


Greengrass es un gran director y Rouse es un maestro de la tensión con sus montajes, pero la escritura de ambos es bastante básica y predecible. Mientras Gilroy se interesaba en construir a los personajes, desarrollar una historia y equilibrar ambos elementos con la acción tan característica de la saga, se nota que este par se enfocó más en sus puestos como director y editor que en entregarnos una historia que nos mantuviera interesados por las dos horas que pasamos viendo la película. 

Hay una subtrama en la película que involucra el espionaje por medio del internet, y que coquetea mucho con Edward Snowden, duele ver una trama tan interesante desarrollada de una manera tan mediocre por Paul Greengrass quien es un experto en hacer cine de conspiraciones americanas. Con un mejor guion y el estilo de Greengrass habríamos tenido una de las mejores películas del año, pero tristemente eso solo es una fantasía.


A pesar de sus errores narrativos, la película funciona bastante bien como entretenimiento. Las secuencias de acción están muy bien logradas, y la verdad es que no te aburres de ver cómo le hará Bourne para resolver sus nuevos problemas. Dicho esto, admito que a pesar del espectáculo de acción que ofrece la película, ya no causa la emoción que hacía que nos entusiasmara la idea de volver a ver a Jason Bourne.

Otro de los elementos que no supieron aprovechar fue al casting, quienes a pesar de hacer un trabajo correcto con los personajes interpretados, no están al nivel de su talento actoral. Tommy Lee Jones se pone en piloto automático en un personaje que no provoca más que aburrimiento al espectador cuando al ser el villano de la historia debería provocar por lo menos algún sentimiento ya sea de odio o empatía en el espectador. 


El casting de Alicia Vikander tenía sentido ya que el estudio no iba a perder la oportunidad de tener en su película a la actriz extranjera del momento, pero al ver la película su personaje transmitía menos emociones que la robot Ava que interpretó de manera espectacular en Ex Machina (2015) y eso que Heather Lee no era un personaje de inteligencia artificial. Riz Ahmed, quien fuera la mano derecha de un desquiciado Jake Gyllenhaal en Nightcrawler (2014), interpreta a un personaje notoriamente inspirado en Mark Zuckerberg pero cuya subtrama se siente muy forzada dentro de las necesidades de la cinta, Ahmed tiene talento pero en este caso su personaje no estuvo a la altura de lo que puede hacer. El caso más decepcionante de la cinta fue ver a un actor del nivel de Vincent Cassel en un personaje de matón que ni siquiera tenía nombre porque así de irrelevante era, una verdadera lástima tomando en cuenta el gran talento del actor francés.

En conclusión puedo decir que a pesar de tener errores muy notorios, es una película que se deja ver para una tarde aburrida en la tele o en Netflix. Aunque yo personalmente les recomiendo que en lugar de ir al cine a ver la película, mejor se queden en casa viendo la trilogía original (The Bourne Identity, The Bourne Supremacy, The Bourne Ultimatum) que pueden encontrar en Netflix.

Trailer


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