miércoles, 20 de junio de 2018

El Club de los Insomnes | Rutina, inocencia y deseo | Reseña



Por Carolina García.

Hacer el amor, hacer la delincuencia, esconderse entre sombras oscuras y sentir que nadie te observa, escabullirte entre los faros de la ciudad, reírte de los ingenuos que gozan de día, vararte debajo de la luna, tener desvelo y desconocer el sueño nocturno, conocer la misma gente, los mismos humanos que gozan de tu mismo enigma, conocerlos junto con sus misteriosos problemas y los de otros…

Corazón Films junto a Joseduardo Giordano y Sergio Goyri Jr. visten las salas del séptimo arte mexicano con El club de los insomnes a lado de la actuación de Leo Ortizgris como Santiago; Alejandra Ambrosi como Estela y Cassandra Ciangherotti interpretando a Daniela, una historia de tres entrecruzada por el estruendo de su propia némesis.

Sumergidos en una melancolía viciada, cubierta de tabaco, refresco y cerveza, El Club de los insomnes se vive en medio de una sombría luz blanca con tintes azulados, reflejo de la iluminación lunar que resplandece sobre los rostros atrapados en la realidad humana de Santiago, Estela y Daniela, quienes se conocen a costas de la nocturnidad en un mini stop. Cada uno representa un problema humano como el que podría vivir cualquier otro, fuera de estereotipos o personajes típicos.


El insomnio, culpable de vigilias, reúne a los primeros dos personajes, Santiago, un rutinario hombre con una vida inestablemente perfecta, metido en una oficina, con un acomodado departamento y un novia a la cual no la toca ni con las yemas de los anulares, y Daniela, la cajera de la tienda de autoservicio, una aspirante a fotógrafa con un odio mundano en su semblante, quien vive desde hace ya varios meses acompañando el entresueño del personaje interpretado por Ortizgris, columna vertebral de la trama para el logro del cometido en el filme mexicano. La pesadilla de Santiago abrirá las puertas a la última integrante del club, Estela, personificando la inocencia de una mujer veterinaria con la existencia destrozada por un conflicto ocasionado con Gustavo, personaje interpretado por Sergio Goyri.

Esta nueva propuesta es un intento no fallido al respiro del cine comercial mexicano, con una apertura a tan sólo 11 conjuntos Cinépolis hasta su segundo fin de semana de haber estrenado, apoyada por producciones como Televisa, describe situaciones comunes en barrios comunes, su atractivo yace en la naturaleza de los diálogos, el vestuario y sobre todo el maquillaje. El blanco en la piel de los tres personajes prevalece durante los 82 minutos de proyección. La selección de cada color para los intérpretes, puede inferirse, bien elegida para esbozar la emoción de cada uno; Estela, porta de colores pastel, tenues todo el tiempo; Daniela usa los oscuros sin olvidar su uniforme de color amarillo con rojo y Santiago, quien cae más en un poco de ambos, negros, azules, beiges y blancos.


Paralelamente, alrededor de las tres historias principales, se encuentran las demás criaturas nocturnas, hombres y mujeres que tienen otra vida diferente además de permanecer también a costillas de la noche, prostitutas, ancianos sin sueño, parejas jóvenes, parejas viejas. Cada uno, simbolizando un sinfín de míticos personajes, el diablo, la momia, el lobo y vampiros.

El tema central es tan humano como las brechas que el filme logra rodar, entre éstas, la adopción de animales, el amor propio, la monotonía de la vida en pareja, en el trabajo, desenvueltas en la locura de la noche.

Técnicamente, Iván Vilchis Ibarra, director de la fotografía, usa como principal herramienta de coerción los campos de profundidad, que hasta cierto punto, llegan a ser innecesarios. El uso desmesurado de los desenfoques bloquea la vista de los exteriores mexicanos donde fue grabada la película y se pierde un poco de la esencia que se vive en el país.

Como toda buena película mexicana, la costumbre en el uso de las groserías yace en toda la cinta a lado del pesar de Santiago, la preocupación de Estela y la cajera demente que toma fotografías para el recuerdo y un proyecto para conseguir una beca en fotografía, conjugan a través de la cámara con drama, escenarios tristes; Incidentalmente, la película sufre de ligeras pigmentaciones románticas sin ser una de tal género o con la categorización de comedia.

Una historia natural que no te sabrá a efectos especiales, comedia barata ni una más de amor. Es un filme para probar la exquisitez gozante de la noche y todos sus placeres acompañada de problemas comunes.


Trailer


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