miércoles, 18 de julio de 2018

A LA DERIVA (Adrift) | Reseña


Por Eduardo León.

En cuántas ocasiones, el cine ha inundado sus carteleras con premisas en las que,  de un desastre natural, emerge el conflicto en la cinta... Desde una lucha por la supervivencia como en Cast Away (Náufrago, 2000), hasta la atadura afectiva entre el hombre y la fiera en Life of Pi (Una aventura Extraordinaria, 2012). El naufragio por la adversidad, ha sido la aspiración de varios directores.

Pero la propuesta no sólo se halla en la irritación de la madre naturaleza, sino que han ocurrido hechos e historias reales que ameritan ser expresadas en un formato cinematográfico. Véase 127 Hours (2010), basada en el trágico accidente del escalador Aron Ralston. The Impossible (2012), en donde una familia confronta el tsunami de Indonesia del año 2004. O la reciente Wild (2014), el tránsito curativo de la escritora Cheryl Strayed.

Entre la aventura, el drama, la devastación y el suceso verídico. El director hispano-islandés Baltasar Kormákur, en su más reciente título A la Deriva (Adrift) revive una tragedia ocurrida en el otoño de 1983, cuando Tami Oldham y Richard Sharp navegaban rumbo a San Diego. Un viaje en donde el  romance y tranquilidad de la pareja fueron interrumpidos por el Huracán Raymond.


Protagonizada y producida por Shailene Woodley junto a Sam Claflin. La dupla actoral refleja un amorío que sí, podría considerarse como una relación ideal (aquella que todo individuo añora ingenuamente), pero que con la química de los actores es suficiente para acercarse a los sentimientos más susceptibles o enmudecidos de los espectadores.

Narrada entre una húmeda, fría y áspera fotografía de la isla de Tahití. Un argumento atestado de alusiones y prefiguraciones, A la Deriva, pareciera ser el clásico taquillazo veraniego en el que se recurre (una vez más) al duelo entre el humano contra la infinidad del océano y la entereza de un vínculo expresivo. Sin embargo en esta película las emociones recorren una psicología bastante interesante en los roles principales.

Con su ritmo sosegado, sin exagerar o tropezar en la aventura melosa. La cinta no recurre al exceso de casualidad para favorecer al rostro femenino principal, ni se convierte en una historia biográfica completamente aspiracional. Envueltos en lo salvaje, el director nos va preparando emocionalmente para un viraje argumentativo en el que  reside la personalidad de este largometraje, mientras nos ahoga en la melancolía.

Kormákur supo expresar con los recursos cinematográficos, la vivencia y el delirio que Tami Oldham Ashcraft transcribió en su libro Red Sky in Mourning. Un nombre que al finalizar la proyección despierta inquietud, así como un confuso vacío… Con todo esto, Adrift o A la Deriva, se convierte en un drama que no quebranta ideales o sugiere nuevos planteamientos en el nicho cinematográfico. Pero sin lugar a dudas estimula sentimientos y eso (al menos para mí) resulta bastante gratificante al acudir a una sala de cine.

Trailer


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