jueves, 25 de octubre de 2018

La Daga en el Corazón (Un couteau dans le coeur) | Reseña


Por Eduardo León.

Conforme más observo largometrajes de festivales contemporáneos, más se agranda mi impresión y reconfortan mis sentidos, sobre la fractura en el canon fílmico del nuevo oleaje de realizadores cinematográficos, en comparación con las corrientes de cine del nostálgico siglo XX.

Irrupciones como el Neorrealismo Italiano, El Nuevo Cine Alemán o el Free Cinema Inglés, desde este faro en la cúspide del 2018, pareciera desconocerse el estilo narrativo y el impacto de aquellos periodos cinematográficos, ante el rodaje actual de obras experimentales que desvisten nuestro lado moral.

Esto me lleva a pensar en lo que alguna vez mencionó Jim Jarmusch sobre la originalidad: Nada es original. Roba de cualquier sitio que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones intrascendentes, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, ríos, luces y sombras…

Este saqueo inventivo, luce salpicante en la obra del cineasta francés Yann González, quien presentó en el XVI Festival Internacional de Cine de Morelia, su más reciente espécimen fílmico bautizado Un couteau dans le ceur, nominada a la Palma de Oro y a la Palma Queer en el Festival de Cannes del 2018.

Para poder anudar la introducción del texto a mi opinión sobre este filme, redactaré unas someras líneas respecto a la trama: En París de 1979, Anne Parèze (Vanessa Paradis) es una productora de películas porno gay quien intenta mantener su destructivo amorío con Loïs McKenna (Kate Moran). Hundida en el desamor y póstumo a una serie de extraños asesinatos, Anne comienza a viciar su realidad, filmando metrajes homosexuales con los acontecimientos sanguinolentos que circundan su panorama.



Entonces, con esta trama que lleva inmersa al cine dentro del mismo cine, el director González nos obsequia un artificio altamente sugerente para cada uno de nuestros sentidos; desde el añorante diseño de producción y decoración del set, fielmente recreado a los años setenta; hasta la composición sonora en la que palpita toda una revolución ideológica-juvenil de la época, vista en la sexualidad libertina, los conflictos íntimos, el extravío anímico y la posesión del inconsciente en los desquiciantes excesos nocturnos.

Visual y propositivamente la película (escrita por Yann González y Cristiano Mangione), abraza y seduce las tantas subjetividades asistentes a la función. Recorre sin tapujos cada uno de los actos en el desdoble de su argumento, el cual, rumbo al clímax, se agrieta y el ritmo de la película pareciera agotarse. Sin embargo, no ahoga al recorrido previo, ni mucho menos a la manifestación de autenticidad del cineasta.

La estética fotográfica, la estructuración de los personajes, los diálogos y el formato visual anacrónico que le da esos latidos de largometraje setentero. Para mí resultaron todo un deleite visual, sin olvidar la incitante atmósfera en los recintos donde se gesta la libertad en cada movimiento corpóreo dentro de la excitante masa de baile.

La daga en el corazón, observa de lejos la construcción esquemática habitual para hacer cine, lo cual podrá acribillarla como una obra pretenciosa por encariñarse con la imagen y no con el discurso en algunos momentos. A final de cuentas será hasta el siguiente año cuando tengan la posibilidad de ser arrastrados por esta grotesca risotada sexual. Por lo tanto, coincido en que esta película es otra más de los mindfuck actuales que tienen derecho a arrebatar 110 minutos de nuestra rutinaria existencia.

Trailer


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