viernes, 11 de enero de 2019

Bandersnatch y el caos interactivo | Reseña



Por Carolina García.

Luego de cubrir con noticias los espacios sociales de la inmortal internet, Netflix estrenó la experiencia interactiva encajonada en un filme existencialista Bandersnatch, con múltiples escenas que, al cabo de un par de horas postrados en butacas hogareñas, te arrastran a una o varias de sus posibles consumaciones.

Póstumo al estreno de hace un par de días, el contagio viral por probar la sensación Black mirror fue en desmesura. Opiniones divididas entre el colapso mental por mantener el mouse a la mano y otras tantas en la nula preocupación del click.

Qué esconde el filme situado a principios de los 80 dirigido por David Slade… El tema de decisiones marcadas por un destino construido es más inquietante que la práctica publicitaria para la visita de ésta.


Tu destino está dictado, está fuera de tu alcance…

1984 y la moda útil de los relojes digitales visten una parte del mundo Stefan Butler (Fionn Whitehead), el fanático de los videojuegos crea, a partir de la novela Bandersnatch de Jerome F. Davis, uno donde tú eliges tu propia aventura.

El viaje que recorre Stefan se sujeta al espectador con la desidia por debatir entre izquierda o derecha, en donde, al final, se busca conseguir que la compañía Tuckersoft saque a la vente su videojuego para conseguir un puntaje absurdamente calificado por un experto en la materia de estos.  Al principio de su camino, el personaje recreado por el protagonista de Dunkirk (Nolan, 2017), se encuentra con un famoso de la época, creador de videojuegos, Colin Ritman (Will Poulter), el sujeto que le muestra un nuevo trayecto para ver la imagen completa luego de atascarse en diagramas y la memoria llena de su computadora.

Butler, perfilado como un enfermo mental quien acude al psiquiatra sin obtener respuesta, más que suscripciones analgésicas, se sumerge en un sueño alucinógeno acompañado de Colin. El vuelo de LSD, consumido por ambos creadores, lleva a Ritman a mostrarle el panorama de la realidad, una realidad que se vuelve como el juego Bandersnatch, donde los humanos somos títeres y no tenemos el control, donde quizá, un sector de otra especie nos direcciona a su antojo.


Qué tan necesarias se vuelven las opciones del experimento interactivo… Escoger entre el cereal de Stefan, la música de Thompson Twins, tomar las pastillas recetadas o tirarlas por el excusado, son algunas que refuerzan el poder que se le ha dado al espectador sobre las acciones de una película… Qué tanto repercuten en el final el tipo de decisiones que no son hablar en el psiquiátrico de la muerte de su madre, dejar morir a Colin, a Stefan o asesinar a su padre (Craig Parkinson) … La redirección a conocer las escenas posibles son una tirada no fallida a saber más sobre el pasado del protagonista y lo que podría pasar si…

Redescubrir los mundos creados para ser desbloqueados tientan de una obsesiva por mantenerse más de tres horas frente al computador o cualquier dispositivo con un mouse para seleccionar. Las variantes descifradas durante aproximadamente cuatro horas, hechas personalmente, se han encontrado en escenarios parecidos a otros ya visualizados en la serie, recordado en el capítulo White bear, donde un grupo de personas se divierte montando un espectáculo para enloquecer a una criminal.

El espejo negro (2011 – Actual) ha desfilado en horror desahogado en una distopía futurista no lejana al hoy. El tema del juego Bandersnatch no ha quedado fuera de lugar, sin embargo, la audiencia se ha metido tanto en la interacción, en el juego por contemplar las atmósferas posibles, que se han olvidado de la esencia Black Mirror.

Trailer




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