jueves, 17 de enero de 2019

Glass | Reseña





Por Rocío López.

En el 2000, M. Night Shyamalan dirigió y escribió el guion de El Protegido (Unbreakable), la cual se centra en David Dunn (Bruce Willis), que en aparecía es normal, pero después de ser el único sobreviente de un accidente de tren, se percata de que tiene una fuerza sobrenatural. Este hecho lo lleva a encontrarse con su némesis Elijah Price (Samuel L. Jackson), con el alías de Mr. Glass, quien padece una enfermedad degenerativa en el que sus huesos son tan frágiles como los de un cristal. Sin saberlo, esta sería la primera película de una trilogía sobre superhumanos que preparaba el cineasta indio.

La secuela llegaría hasta 2016 con Fragmentado (Split), un thriller que relata la historia del secuestro de la joven Casey Cooke (Anya Taylor-Joy) por parte de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy), un hombre con trastorno de identidad disociativo, conocido como La Horda por albergar 24 personalidades distintas y una de ellas es llamada La Bestia, ya que cuenta con características de un animal.

Este año, por fin presenta Glass, donde retoma a los protagonistas de los largometrajes anteriores e inicia justo después de que David se enterará de que Kevin está suelto y sigue cazando a jóvenes, por lo que va en la búsqueda de La Bestia con ayuda de Joseph (Spencer Treat Clark), su hijo. Pero tras encontrarlo, ambos son capturados y llevados a un centro psiquiátrico a cargo de la doctora Ellie Staple (Sarah Paulson) en el que se encuentra internado Elijah. En ese lugar serán vigilados, medicados y tratarán de convérselos que ellos no poseen poderes extraordinarios, sino que son alucinaciones generadas por su desequilibrio mental.


Shyamalan comienza por mostrar una secuencia llena de acción, que si bien, es un factor recurrente en cualquier otra cinta de superhéroes, los enfrentamientos son plasmados sin grandes efectos especiales y con una visión más realista que funciona muy bien dentro de este universo. Recordemos que, de acuerdo a lo planteado en la primera entrega, el director conserva su estilo y la idea de presentarnos una historia poco convencional o al menos no se asemeja a lo que nos ha acostumbrado Marvel o DC.

Glass resalta por su fotografía, el manejo de cámara con ingeniosos ángulos y por el uso del color, asimismo por las actuaciones consistentes de Willis y  L. Jackson, que reaparecen con sus respectivos personajes como si no hubiera pasado el tiempo, sin embargo, McAvoy se lleva la ovación por la manera en la que logra pasar de una personalidad a otra en cuestión de segundos e incluso llega a robarse el protagonismo. Por otra parte, el regreso de Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard (interpretando a la madre de Elijah) junto con Taylor-Joy, son importantes para exponer al espectador las dosis de retrospectiva y entender más acerca del héroe, antihéroe y el villano. Mientras que Paulson, reconocida por aparecer en la serie televisiva American Horror Story (2011), no logra un papel convincente.


Los principales fallos se encuentran en el guion, ya que en diversos diálogos se reafirma el concepto de superhumanos en el que se desarrolla la trama, pero que al ser repetitivo se vuelve por momentos tedioso. Además, el centrarse en este elemento, termina por descuidar otras circunstancias que sí requieren mayor explicación.

El director de El Sexto Sentido (1999), Señales (2002) y Los Huéspedes (2015), conocido por sus giros inesperados dentro de su filmografía, en Glass no parece ser tan afortunado su ejecución y al final resulta forzado. Pese a estos detalles, la culminación de esta trilogía creada por Shyamalan, la cual inicio hace 19 años, evita los clichés, entretiene y es sin duda una reflexión sobre reconocernos y aceptarnos tal como somos. 

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