jueves, 10 de enero de 2019

Suspiria: El maligno | Reseña


Por Carolina García.

Como obra teatral, contada a seis actos y un epílogo, el nuevo relato de Luca Guadagnino retoma la visión de Dario Argento a través de una compuerta sádica entre información yuxtapuesta para relatar la historia demoniaca a finales de los setenta en el Berlín dividido.

Los suelos exteriores cubiertos al albo póstumo de las lluvias, recorren el paisaje que tiñe de trama durante el rodaje. Un estrepitoso caer de agua expulsada de las nubes embadurna los primeros minutos del metraje, al tiempo que voces como susurrando persiguen la abrupta entrada de Cholë Grace Moretz como Patricia, apenas salida del manicomio disfrazado con el nombre Compañía Markos, quien se aísla en un cuarto acompañada de su psicólogo Josef Klemperer (Tilda Swinton), donde delira sobre las brujas, el aquelarre que termina por poseerla.

Susie Bannion, ahora en piel de Dakota Johnson, afanada por la danza y la academia encabezada por Madame Blanche (Tilda Swinton), sale de su estado Ohio para arribar en la capital alemana luego de ser aceptada por uno de los más grandes grupos de coreografía.



Posterior a tomar la habitación de Patricia, la estancia de Susie se colma de sueños entre gusanos, sangre, conexiones alucinantes, además de inquietantes flashbacks durante su estadía infantil en la granja americana, ligados al mal recuerdo de su madre. Es así como Madame Blanche, la que en un principio se cree como Madre Suspiria, prepara a Dakota Johnson para ser entregada a la bruja negra (nombrada así en la antigua Suspiria del 77), Helena Markos, por su genuino talento para la danza.

Los actos se componen de una enloquecedora vista, con orina derramada durante la nauseabunda muerte de una de las bailarinas, quijada rota expulsando vómito, otras tantas de penes, anzuelos, conversaciones sin el movimiento de labios y piel rota por huesos quebrados. 

Sara Simms, interpretado por Mia Goth, se vuelve un personaje importante durante el desarrollo, la estudiante de la academia se convierte en amiga de Susie y destierra, junto con el doctor Klemperer, el maligno de las matronas (Madre Tenebrarum; Madre Lachrymarum; Madre Suspirorium).



Swinton, la actriz camaleónica, (We need to talk about Kevin, 2011; Vanilla sky, 2001; The beach, 2000), se vuelve un emblema actoral, sin dejar nada al deseo, entregada a la bruja que posee el cuerpo de sus bailarinas. El cigarro a la mano, vestidos sin esbozar su cuerpo y la defensa al arte del baile, recrean una Blanche entre perversa que termina débil. La vampira de Only lovers left alive (2013), fue caracterizada, también, para dar vida al psicólogo de Patricia, completando un reparto totalmente femenil.

Suspiria de Guadagnino se recrea en un eterno femenino salvaguardado en la compañía Markos cimentada de vísceras, envuelta en el inmortal oscuro de gritos y grandes espejos, ésta, acoge un grupo de jóvenes casi dispuestas, sin saberlo, a ser besadas por la muerte. La cinta, disociada a la de Argento, está estelarizada por mujeres para sostener el discurso de empoderamiento como género.

La fantasía compuesta por la banda sonora de Thom Yorke sigue la nueva historia de las brujas en la posguerra. Galardonada por el Premio Robert Altman, ha sido interpretada pictográficamente a colores densos, oscuros, sin caer en los azules fríos que acompañan las historias de terror.



Sus hipnóticos encuadres entremezclados con tomas de apresurados zooms y el uso de disolvencias, fuera de romper con la estética visual, construyen una atmósfera de cine de terror clásico a la vez de uno experimental con fotogramas al descubierto de información histórica o referencias para desentrañar el inmundo de la Madre Suspiria.

El filme protagonizado por la evolutiva actuación de Johnson, reencarnada como uno de los demonios o deidades, podrá visualizarse en complejos Cinépolis a partir del 11 de enero.


Trailer


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