jueves, 14 de marzo de 2019

Burning | Crítica



Por Eduardo León.

Se encontró nominada a diversas categorías como: mejor película, director, guión, fotografía o sonido, en los Asian Film Awards. Compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes del 2018, y ahí mismo se apropió del galardón que otorgó la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), al igual que el Premio Vulcan del Artista Técnico.

Entre otros 30 galardones y 105 nombramientos, la película del director surcoreano Lee Chang-dong, titulada Beoning/Burning, ha acumulado cierta expectativa desde su proyección dentro del noveno Festival Internacional de Cine UNAM, y cuyo estreno por fin es este 15 de marzo en diversas salas de la Ciudad de México.

El guión de la película fue elaborado por Jungmi Oh y Lee Chang-dong; es una historia adaptada del relato corto Barn burning que se halla dentro de la compilación de cuentos en el libro El elefante desaparece, creado por el escritor japonés Haruki Murakami y publicado en 1993.

La trama nos sitúa en las calles, barrios y viviendas periféricas dentro de Corea del Sur, en donde se tropiezan las vidas de Lee Jong-su (Ah-in Yoo), Shin Hae-mi (Jong-seo Jun) y Ben (Steven Yeun). Tres personalidades dentro de las que comienza a palpitar una especie de misterio, luego de que un íntimo, casual y piromaniaco secreto es revelado.


Burning es una de esas cintas en las que pareciera no ocurrir absolutamente nada. En las que todo es tan ordinario y tan banal, que en algún instante (y para algunas personas), les podría llegar a parecer desesperante y hasta somnolienta. Sin embargo, si se le presta un gramo más de atención, nos damos cuenta de la auténtica y perturbadora creación cinematográfica  en la que hemos depositado 148 minutos de nuestro día común.

¿A qué me refiero con auténtica y perturbadora? Pues a la esencia y atmósfera con las que arropó Lee Chang-dong esta historia. Un ambiente de incertidumbre, de incomodidad; de que algo no marcha, que no existe o fluye con plenitud. Y todo esto logrado por la narrativa pausada y sumamente existencialista que nos sostiene e invita al cuestionamiento sobre el error, las coincidencias y el alcance de nuestras acciones constantes.

La abrazadora fotografía naturalista y a contraluz de Kyung-pyo Hong, así como la música compuesta por Lee Sung-hyun “Mowg”, le proporcionan aquellas particularidades estéticas a la película. Le otorgan carácter, vida, intriga y belleza a secuencias frías y cálidas, con resonancias de lo que pareciera ser una conjugación sonora entre naturaleza y urbe; entre pulsión de vida y muerte.


Algo así como una dualidad, es como podría identificar a este largometraje. Pues el habilidoso director delinea un triángulo de personajes bastante curiosos y opuestos; ahogados cada uno de ellos en el pasado (Lee Jong), presente (Ben) y futuro (Shin Hae), a la par que confrontan sus intereses, sentimientos y vacíos en distintos nichos como en un bar, una granja o fumando marihuana mientras son aplastados por el anochecer.

Burning termina siendo una experiencia fílmica-sensorial que nos conduce hacia un vistazo introspectivo de las relaciones sociales en plena era digital. Un viaje envuelto en tanta preciosidad y tranquilidad dentro de los cuales el caos se vuelve difuso, y uno comienza a sentirse ansiosamente trastocado.

Vale muchísimo la pena invertir en una entrada para observar este sutil largometraje, y ver si podemos hallar en los protagonistas, algunos de nuestros más dañinos e inquietantes hábitos e ideas. Por no mencionar aquella locura con la que acarreamos y convivimos día con día.

Trailer





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