lunes, 18 de marzo de 2019

Las Herederas | Reseña



Por Carolina García.

Situada en una casa añeja de amueblados neoclásicos y otras tantas corrientes estéticas, Las Herederas, de Marcelo Martinessi, cuenta la historia de la degradación amorosa y de vida entre un par de mujeres lesbianas de avanzada edad.

Los primeros minutos, compuestos de una misteriosa sensación por no observar del todo a las protagonistas, se dan entre desenfoques de primeros planos con algunos reflejos para luego mostrar un cúmulo de dos personalidades contrarias, Margarita Irún quien encarna a María Núñez bajo el mote de Chiquita, y la pintora Ana Brun, interpretando a Chelo. Ambas con un característico particular donde el desgaste ocupa el primer lugar en su cama.

Dentro de esos amueblados antiquísimos conocemos a los personajes que desenvuelven la trama, pues éstos están a la venta para financiar un adeudo de Chiquita en el banco, que al final, vuelve imposible su estadía bajo libertad y es reclutada por estafa.


El filme paraguayo bajo tonos oscuros entre alumbrados sombríos, concibe su primer punto de amarre tras el reclutamiento de la pareja de Chela, el personaje comienza una travesía al lado de otras mujeres adultas con la única ocupación de jugar cartas u otros tantos juegos de apuesta, pues se vuelca en el oficio de su taxista personal.

En aquel éter de pláticas cotidianas a la espera de regresar a un día enfermo, lleno de pastillas y algunas gotas de pintura, Chela conoce a Angy (Ana Ivanova), devolviéndola a la vida a través de una atracción sexual o amorosa hacia la mujer de edad madura.

Entre los detalles se observa el cristianismo de Chiquita y Chelo plasmado sutilmente a través de rosarios o cadenas, entre los mismos, la seducción escondida en los actos de Angy, a pesar de presentarse como una mujer quien gusta de personas del sexo contrario, luego se descubre que no del todo.


Aunque en sus líneas no se hace una acotación textual hacia el lesbianismo desentrañado en el filme de 97 minutos, se hace notar el contexto con ciertos tintes de machismo… ¿Tienes novio?, ¿Eres casada? ¿Divorciada?, como si fuese regla ser mujer y tener una pareja del género masculino.

Y Chela en Ana Brun, con una entrega actoral llena de un silencio expresivo, de angustia, depresión, enfermedad… Al contrario de Chiquita quien se muestra más fuerte, robusta, imponente, eso, sin olvidar la envoltura en el tabaco.

Las Herederas hace un retrato a la insoportable vejez del amor, el erotismo, el interés en el otro. La evolución en las líneas dibujadas en el rostro de Chela muestra el despertar del deseo, de la ilusión en la atracción, del ropaje distinto, esa evolución que vislumbra entre la pérdida de las ganas y una nueva fantasía.

Galardonada por los Fénix 2018 en la categoría de Mejor director, Las herederas sigue en carteleras de recintos culturales para ser degustada como una cruda pintura de la realidad, de la ausencia del amor degradada por el menosprecio, pero, sobre todo, del contagio sentimental por la actuación de Ana Brun.

Trailer



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